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sábado, 12 de marzo de 2011

Errores comunes en la escritura de números y unidades

Continuamente tenemos que manejar números sobre distintos conceptos: lo que cobramos cada mes, el número de aciertos en la lotería, nuestro nivel de colesterol, etc. Es fácil asumir que la representación correcta y exacta de los números y unidades (qué se está midiendo) es un asunto muy importante: no es lo mismo que tengamos que pagar 100 euros que 100 yenes, pero es lo mismo comprar 500 mL de leche que 0,5 L (pero, obviamente, no es lo mismo 0,25 L que 2,5 L).

En ciencia la corrección que se debe buscar al representar cantidades es aún más importante. Debe ser absoluta, y para asegurarlo hay una serie de normas. Estas normas no existen porque sí, sino precisamente para que no haya confusión al intercambiar información. En caso de que las cantidades no se representen correctamente, tanto su magnitud (es decir, el número) como sus unidades (es decir, qué se está midiendo), pueden suceder cosas malas. Desde la incomodidad que representa el leer medidas mal representadas en los apuntes de un colega, hasta auténticos desastres. ¿Os acordáis de la Mars Climate? Aquí podéis leer un buen resumen de lo que sucedió, y el por qué: http://centros5.pntic.mec.es/ies.victoria.kent/Rincon-C/Curiosid/Rc-6/RC-6.htm

A propósito, que todos deberíamos utilizar las unidades del Sistema Internacional, adoptado por todos los países excepto USA, Liberia y Myanmar. Precisamente, la pereza de los USA por adoptar el sistema nos trae no pocas complicaciones (¿cuántos no tenemos multitud de objetos basados en pulgadas, psi, etc.?). Más información sobre el nunca bien ponderado SI: http://en.wikipedia.org/wiki/International_System_of_Units

Pues sí, los países en rojo aún no han adoptado el Sistema Internacional, y así estamos (cabezones).

Realmente, las normas de escritura de unidades y números son bastante pocas, bastante lógicas y bastante útiles. Hace tiempo que encontré una excelente recopilación que se lee en un momento, y que, afortunadamente, veo que sigue accesible: http://personal.telefonica.terra.es/web/pmc/ (¡gracias, don Pedro!). De ese sitio resalto este párrafo:
No considero «ignorante» a quien no sabe -cada cual tiene sus medios de aprendizaje- sino a aquel que pudiendo saber, no sabe... Yo ponía la coma decimal «arriba» porque así me lo enseñaron... hasta que leí que no era así; en mi condición de profesor, y no sin esfuerzo, cambié sin dejar de tener presente que las normas UNE no obligan a nadie.
No puedo dejar de estar más de acuerdo con el autor. Al contrario que en el cumplimiento de la ley (su ignorancia no exime de su cumplimiento, y al que no cumple se le castiga), no hay pecado en cometer incorrecciones al escribir unidades (aunque algunas sean de un calibre como para llevarse las manos a la cabeza —aguantemos la tentación). Pero más que pecado es insistir, por cabezonería, en cometer errores una vez que se conoce la manera correcta.

Y sin retractarme de lo anterior, es mi opinión que el deber de todo investigador asegurarse de que lo que hace lo hace bien, incluyendo aquello que comunica.

Y ahora, los errores que me vienen ahora a la cabeza como más comunes:
  • Utilizar el apóstrofe (la coma elevada) en vez de la coma para separar decimales. Este es un típico error que se perpetúa de profesores (de todos los niveles) a alumnos, algunos de los cuales llegan a ser profesores, cerrando el ciclo. En vez de escribir 2'5, se debe escribir 2,5. De hecho, aunque personalmente no me gusta, se podría escribir 2.5 (la llamada notación internacional), pero no hay que olvidar que lo normativo en España es la coma. En resumen: el apóstrofe no se debe utilizar para separar la parte entera de la parte decimal.
  • No poner espacio entre números y unidades. Este error "menor" se comete a menudo, y eso que (si no recuerdo mal) sólo hay una excepción, el símbolo de porcentaje (%) y los grados, minutos y segundos para ángulos planos (por ejemplo, 45° 3' 7"). Siempre debe haber un espacio de separación entre números y unidades. Como curiosidad, en los procesadores de texto existe un "espacio de no separación", que impide que números y unidades queden en distintas líneas de texto (aquí, cómo se puede generar fácilmente en distintos programas).
  • El jaleo con los grados de temperatura. Digo jaleo, porque los errores son muy variados, seguramente porque tenemos cuatro elementos en este caso: el número, el espacio, el símbolo de grado y la letra que indica el tipo de escala. Para ir al grano, pongamos la correcta: el símbolo del grado Celsius es °C, así, con el ° siempre asociado a la C, nunca separado. Entre el número y el símbolo se debería poner un espacio, aunque se perdona a menudo (de hecho, en muchas publicaciones, especialmente anglosajonas, se suele poner junto). Así, veinticinco grados Celsius se escribe como 25 °C. Recientemente vi una barbaridad (era una barbaridad porque venía de un corrector de textos técnicos, concretamente de patentes), tal como "la temperatura óptima es de 25°-60°C". De hecho, la manera correcta de escribir algo así sería "la temperatura óptima es de 25 °C a 60 °C".
  • Escribir gr., gr, g., Kg., kg., Kg, Km, hr, sec, seg. En las normas de escritura de unidades se indica que el símbolo de kilo (es decir, 103) es la k, (no la K), el símbolo del gramo es la g, de la hora es la h y del segundo es la s (pero el del minuto es min). Como son unidades, no llevan nunca punto (excepto para cerrar la frase, como en la frase anterior). El utilizar K para kilo es un error bastante extendido (incluso en indicaciones oficiales, como señales), aunque, en general, no lleva a confusión. Pero en el caso del gramo, resulta que gr es abreviatura de grano (una unidad tradicional admitida por el SI). Otros errores podrían acarrear consecuencias más graves, como usar M para mili (10-3), cuando es el prefijo de mega (106), o Tm como abreviatura de la tonelada métrica (megagramo, Mg), ya que es la unidad del terámetro (1012). Es una pena que algunos de estos errores sean propiciados por muchas revistas científicas, que admiten, e incluso exijen, utilizar hr y sec en vez de sus homólogos SI.
  • Utilizar el apóstrofe simple y doble (4' 30") para representar minutos y segundos de tiempo. Como mencioné arriba, se utilizan para representar fracciones de grado en ángulos planos. Para el tiempo se debe utilizar min y s.
  • No poner un 0 (cero) delante de cifras que carecen de parte entera (por ejemplo, 0,4534). El cero inicial ayuda a leer la cifra y evita equivocaciones (¡pensemos en publicaciones con tipos de letra pequeños, impresas con poca tinta o en personas con poca agudeza visual!). Aquí tengo que lamentarme otra vez por todas esas revistas que aún obligan a escribir las cifras sin parte entera sin el cero inicial.
Hay muchos más errores, pero sólo quiero resaltar los más comunes. Como dije anteriormente, no hay motivo alguno de vergüenza si uno se da cuenta de que ha estado escribiendo incorrectamente estas unidades. Todos (incluyendo un servidor) nos dimos cuenta un buen día de que la manera normalizada era otra.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Gestores de bibilografía: BibTeX y BibDesk

Iba a hablar de gestores de bibliografía (por ejemplo, esto, esto o esto), pero he decidido posponer la entrada para explicar mi punto de vista sobre el tema. Un servidor produce sus documentos (científicos y no tanto) generalmente con LaTeX, no con un típico procesador de textos. Generalmente, con un procesador de textos, se puede utilizar una aplicación que gestiona la bibliografía y que a menudo instala un plug-in (un menú o una barra de herramientas) que permite ir añadiendo citas al documento (de todas maneras, OpenOffice, y parece que las últimas versiones de MSWord, incluye su propio sistema bibliográfico). Al acabar, basta con indicar el estilo de las citas y de la bibliografía para que el gestor genere la bibliografía y formatee las citas con el estilo deseado, voilà! ¿Que más adelante se necesita cambiar el estilo? Basta con indicarlo en el menú para que las citas y la bibliografía queden reformateadas con el estilo correspondiente.

LaTeX tiene un estupendo sistema para incluir bibliografía en los documentos, llamado BibTeX. Sin embargo, aquí no se necesitan plug-ins ni menús. La razón es que un documento LaTeX, para quien no lo haya mirado en el enlace de arriba, se escribe como un simple texto sin formato. La estructura del documento se indica con una serie de etiquetas, como \begin{document} o \section{Resultados}. Cuando se quiere ver el resultado, el texto se pasa por el compilador de LaTeX y se obtiene un hermoso documento PDF.

Cuando queremos introducir bibliografía en un documento LaTeX, utilizamos varias de esas etiquetas. Por ejemplo, \cite{ji2010a} indicaría que queremos citar un trabajo que hemos etiquetado como ji2010a. Allí donde queramos que aparezca la lista de referencias, escribimos \bibliography{mybib}. Al generar el PDF se tomarán los datos del archivo mybib.bib (lista de referencias en formato BibTeX), apareciendo las citas y la lista de referencias perfectamente formateadas (hay muchos más detalles que omito, por no ser cargante).

Lo importante es que veáis que para mí no es una prioridad el tener un sistema de gestión de bibliografía que incluya un plug-in para introducir citas en mis documentos. Ya lo hago yo mientras escribo, y LaTeX se encarga de todo lo demás. Lo importante para mí, es que el sistema que utilice tenga la capacidad de exportar las referencias en formato BibTeX, lo cual no es complicado, ya que, junto a RIS, se ha convertido en uno de los estándares para guardar información bibliográfica. A propósito, hay bastantes programas que utilizan BibTeX para almacenar referencias, pero esto no quiere decir que sólo se puedan usar con LaTeX. Muchos permiten generar bibliografías para utilizar con un procesador de textos.

Para gestionar mis archivos BibTeX utilizo BibDesk (a propósito, LaTeX, BibTeX y BibDesk son software libre, ¿lo dudábais?). Es un gestor de bibliografía bastante sencillo de usar y a la vez bastante potente, solo para MacOS, a propósito (para los desencantados, echad un vistazo a Bibus, JabRef y similares). Utiliza el formato BibTeX para guardar las referencias, por lo que puedo utilizar los archivos directamente con mis documentos de LaTeX, bastante cómodo. Como otros gestores bibliográficos, tiene integrados varios motores de búsqueda (PubMed, Web of Science) para poder realizar la captura de referencias sin tener que estar saltando al navegador. Además, puede importar y exportar varios tipos de formatos de bibliografía, para cuando hay que compartir bibliografías o hay que obtener referencias que no están disponibles en PubMed (puedo acceder a WoS —de pago— a través de FECyT por estar en una universidad, pero este tipo de acceso no lo reconoce BibDesk).

Generalmente, cuando encuentro una referencia nueva y puedo bajar el PDF, lo hago y lo guardo en mi "biblioteca" (un sistema de carpetas con el nombre de las revistas). Me gusta especialmente cómo enlaza BibDesk con los PDF, basta con arrastrarlos a un área lateral de la ventana mientras se tiene a la referencia en cuestión seleccionada, y ya queda disponible para ser abierto (incluso ojeado desde el propio programa). Y si el PDF se mueve a otra carpeta no hace falta reenlazar el documento, BibDesk hace uso de algunas características del sistema de archivos de MacOS para no perder la pista del archivo. Si éste cambia de sitio, el sistema le dice a BibDesk dónde encontrarlo, sin que nosotros tengamos que hacer ningún cambio.

Pues esto es lo que quería presentar antes de entrar a hablar de sistemas de gestión de bibliografía, para que veáis de dónde vengo y lo que estoy utilizando ahora. Esto no quiere decir que no me interese utilizar un sistema que me permita guardar la bibliografía de otra manera (tal vez más eficiente en cuanto al flujo de datos), o que me permita crear bibliografías con mi procesador de textos (OpenOffice, por supuesto). Sencillamente, no son prioridades para mí, o al menos no tanto como que me permita enlazar cómodamente PDFs, disponer de salida en formato BibTeX o, necesidad de última hora, poder tener mi bibliografía "en la nube" y compartirla ágilmente. Esto último no me lo permite hacer BibDesk (tiene alguna capacidad de compartir bibliografías, pero bastante limitada), y es lo que me ha movido a escribir sobre este tema. El próximo post, descubriendo nuevas posibilidades para la gestión bibliográfica.

A propósito, un ejemplo de una entrada en un archivo de BibTeX:

@article{ji2010a,
Author = {Ji, Yingbiao and Tulin, Alexei V},
Journal = {Curr Opin Genet Dev},
Month = {Oct},
Number = {5},
Pages = {512-8},
Title = {The roles of PARP1 in gene control and cell differentiation},
Volume = {20},
Year = {2010}
}

Cada línea corresponde a una parte de la referencia, creo que las etiquetas son bastante descriptivas (una pista: la referencia es de un artículo de una revista, y la etiqueta para citarla es ji2010a). Obviamente, cuando BibTeX procesa la entrada, reorganiza toda esta información de manera que el formato de la referencia corresponda a lo que deseamos.